Jaume Sisa

“Aquesta entrevista amb el Sisa, publicada al número 10 de Vibraciones el juliol del 1975, és potser un dels millors textos del Claudi Montañà. Si la compareu amb l’entrevista que li va fer per Fotogramas, també publicada a la web sense nom, veureu que aquesta altra del Vibraciones canvia la ironia per un cert lirisme i conté detalls, entre l’avantguarda i el “nou periodisme”, molt propis del Montañà. El text també és bo per altres motius: per la captació de l’ambient –el del bar del final, per exemple- o pel muntatge de converses i entrevistes que sembla que l’autor hi va fer. El món del Sisa, entre la nostàlgia, l’underground i el desencís, també hi està molt ben reflectit, i algunes de les seves opinions són memorables”.

Josep Maria Ripoll
Cortesia de Josep Maria Ripoll per la web sense nom

Des d’aquest enllaç podeu obrir o descarregar l’entrevista que va fer el Claudi Montañá a Jaume Sisa per la revista Vibraciones en format pdf

SISA en busca de las ilusiones perdidas por Claudi Montañá

-Fíjate en el colorido que adquieren las Ramblas, al atardecer, cuando las farolas no se han encendido aún…
Viernes de primavera en flor. Mañana nos veremos en Zeleste, Sisa. Golondrinas que entonan su canto chirriante e infiel. Muy cerca, las sirenas del puerto. Sobre las olas del Mediterráneo, bajo cielos sonámbulos, ensueños que se alejan como barcos. Pronto va a oscurecer y los serenos y los vigilantes se dividirán Barcelona. Las nueve de la noche y cuatro hamsters del grupo Baader-Meinhoff han conseguido huir Ramblas abajo. Sisa se ha perdido entre la multitud (sentada en la terraza de los bares) en busca de un hipotético apartamento… Desandando el camino hacia Zeleste donde, horas antes, me había citado con él, entro en la churrería y pido churros de chocolate. “No tenemos. Cuando se acerca el verano, los dejamos de fabricar: con el calor el chocolate se derrite.” Frustración.
-Es cierto, el público respondió muy bien en Madrid (un recuerdo, casi, aquel día empezaba la primavera). De todos modos, ten en cuenta que allí son muy aficionados a descubrir a gente nueva (y yo sólo había actuado en Madrid, en el seno de “Música Dispersa”). Aquel día, en cambio, la “Orquesta Mirasol”, recibió “palos” de todas partes: que si eran fríos, poco imaginativos, cerebrales, hieráticos… Tú conoces mi opinión sobre los “mirasolianos” y creo que estuvieron como siempre, ni peor, ni mejor. Y, sin embargo, en su presentación hace unos meses, obtuvieron un gran éxito.
-Es verdad. En aquella ocasión yo estuve allí y provocaron un gran entusiasmo. Pese a que, desde mi punto de vista, su actuación fue más bien mediocre; en todo caso, por debajo de sus posibilidades…
-De todos modos, ¡Ojalá tuviésemos diez o quince grupos como la “Orquesta Mirasol”! ¿No crees?
(Aviso importante: para evitar malentendidos, suspicacias o interpretaciones erróneas, cabe decir que ESTO NO ES UNA ENTREVISTA, en la concepción habitual del término. Se trata, más bien, de una larga e intermitente conversación mantenida con Sisa (a veces sin palabras, a veces sólo de vivencias), a través del tiempo, de amigos comunes, de nuestras respectivas subjetividades… Conversación que los azares profesionales me empujan a transcribir hoy en la forma ilógica de la sintaxis). Por lo demás, sabido es que en aquel camino verde que va a la ermita, desde que tú te fuiste las azucenas están marchitas…
-No entiendo muy bien por qué te justificas. También lo hacías en el primer párrafo de tu carta-comentario sobre mi disco “Qualsevol nit pot sortir el sol” en el pasado número de Vibraciones. Me parece innecesario. – Verás. La historia empieza con una carta -publicada en el Correo de la revista – que sostenía que debía limitarme a la información y divulgación musical, en vez de “elucubrar e irme por las ramas” con un lenguaje personal y subjetivo. Luego, varias cartas defendiendo una u otra postura… Cuando yo creo que hay temas que pueden ser tratados de una manera y temas de otra; cuando yo creo que el problema de la comunicación a través del lenguaje escrito es muy sutil… Total que aviso y en paz: quién no quiera seguir leyendo puede ahorrarse tiempo, molestias y cabreo. Me reafirmo en que, contra la opinión de muchos tenderos, el cliente no siempre tiene razón.
Zeleste a media tarde. La hora del té (¿cuántos terrones?) Alguien le ha traído a Sisa el guión de una película, para que lo lea y sea opcionalmente su protagonista. Decidimos irnos a un lugar tranquilo. ¿Traes cassette? No traigo cassette, ni siquiera cuartillas en blanco: Cristina me presta algunas por si acaso…
-Debe ser muy difícil hacer una entrevista sin grabar ni escribir nada. ¿Cómo te las apañas, luego, para transcribir lo que se ha hablado?
-Evidentemente, hay personas con las que sería casi incapaz de hacer una entrevista sin cassette. Otras, con las que basta tomar unas notas. Otras, en fin, ni siquiera eso. Y no creo que, en ningún caso, traicione el espíritu de lo hablado. Cuestión de vibraciones.
-…Y trucos del oficio, ¿no? Tú mismo lo decías en otra ocasión.
Sisa propone ir a charlar al Parque de la Ciudadela. Verde grito de angustia verde contra el aluminio y el cemento, el asfalto y el cristal, los tubos de escape y el polvo de la gran ciudad. Buscamos un banco vacío, anacrónico el mito de los soldados y las “chachas”.
-“Qualsevol nit pot sortir el sol” ha quedado un disco bien grabado, pulcro… Ahora veremos si funciona o no. Creo que dentro de una semanas, tendremos ya un índice para saberlo. Tengo muchas canciones compuestas y, en diciembre, intentaría sacar otro LP. ¿Que te parece un disco nostálgico? ¿Lo dices, acaso, por la creación de personajes de infancia en “Qualsevol nit pot sortir el sol”…? – No. No sólo por este tema. Hay otras canciones como “Germa aire”, “María Lluna” o “El sete cel” que me parecen un tanto o un mucho desengañadas. Y quizás a un nivel más profundo.

“Història certa dels set cels
Set paradisos màgics i encantats.
Historia certa dels set cels
Set nius de pau, de glòria i de felicitat.
El primer cel és inventat:
el primer gran invent de la terrestritat.
El segon cel, imaginat:
en una nit d’estiu a la vora del mar.
El tercer cel, dins d’un mirall:
reflecteix les imatges d’un món ignorat.
I el quart cel és irreal:
com un oasi verd en un desert estrany.
Del cinquè cel res no se’n sap:
no hi ha notícies d’aquest cel tan amagat.
I el sisè cel està copiat:
del cel setè que has engendrat dins del teu cap.”

(“Historia cierta de los siete cielos. Siete paraísos mágicos y encantados. Historia cierta de los siete cielos. Siete nidos de paz, de gloria y felicidad. El primer cielo está inventado: el primer gran invento de la terrestridad. El segundo cielo, imaginado: es una noche de verano a la orilla del mar. El tercer cielo, dentro de un espejo: refleja las imágenes de un mundo ignorado. Y el cuarto cielo es irreal: como un oasis verde en un desierto extraño. Del quinto cielo nada se sabe; no hay noticias de este cielo tan escondido. Y el sexto cielo está copiado: del séptimo cielo que has engendrado en tu cabeza.”)

-Quizás tengas razón. Sin embargo, es algo intuitivo. En todo caso responde a un estado de ánimo. Luego, cuando tú y otra persona me lo dice, pienso que seguramente es verdad. Pienso que, cuando compones una canción igual que cuando escribes algo, te influyen una serie de vivencias presentes en aquel momento, pero que pueden haber nacido en cualquier época de tu vida.
-Esta melancolía, este cierto desengaño, creo que se hacen especialmente patentes, comparando este disco con “Orgía”, en el que había una especie de borrachera lúdica…
-Es verdad. Pero ten en cuenta que han pasado los años y nosotros con ellos. Entonces, acabábamos de descubrir el rollo, los viajes… Nos cabreábamos, si la gente se metía con nuestros cabellos largos. Algo nuevo teníamos en las manos, una nueva cultura, una nueva forma de vivir. Si algo no quedaba bien grabado, ¿para qué repetirlo?; daba igual, “pasábamos” de estas pequeñas cosas. Teníamos veinte años…
Luego, con el tiempo, te das cuenta de que todo sigue igual. De que nada ha cambiado. ¿Fuiste a ver a Zappa? Para mi, él encarna muy bien este desengaño: quedan lejos los trascendentalismos y el poder de la juventud; toca la guitarra y basta. Por otra parte, este desengaño nuestro lo arrastran también otros muchachos más jóvenes: yo lo noto en músicos que tocan conmigo y que tienen veinte años o menos… – Y ¿crees que, a nosotros, nos ha llegado el momento de dejar de jugar? El momento de meter las ilusiones generacionales en un cajón… El momento de abandonar la noria de nuestras borracheras vitales y sentarnos en un rincón de la vida y contemplar, reflexionar y contar lo que veamos…
-Tal vez. En todo caso antes “pasaba” de muchas cosas de las que ahora no “paso”. Y te hablo en plan profesional: me tomo las cosas mucho más seriamente. Lo mío es la música como lo tuyo puede ser escribir. ¿Que si se puede vivir de la música, aquí y en este momento? Yo creo que si, teniendo algunas actuaciones al mes… Quizás haga falta descubrir a un público que, potencialmente, pienso que existe. Pese a todo, soy optimista. Ya ves…
Se nos acerca una larga y gruesa serpiente con cuatro barras rojas, pintadas en el lomo, para ofrecernos una copita de “Aromas de Montserrat”. Sisa le pide fuego y el reptil baja la cabeza y se va. Entonces – entre niños que juegan al parchís con tacos de marihuana y mamás que coquetean con marinos tatuados, altos y rubios como la cerveza – me acuerdo de las explosivas declaraciones de Sisa a la revista catalana “Oriflama”. Le hablo de ellas: ¿Serrat el Raphael catalán y Raimon el Manolo Escobar de la “cançó catalana”?
-¡Ufff…! En realidad, yo lo ponía a modo de ejemplo. Pero Rafael Moll lo transcribió literalmente y se armó el gran follón. Te diré que, para mí, Serrat tiene canciones (“La tieta”, por ejemplo) llenas de sugerente imágenes… En cuanto a Raimon, creo que le he cogido más simpatía desde entonces… De todos modos, ¿no crees que esta defensa a ultranza de unas ciertas normas morales de Escobar se encuentra también, aunque en otro sentido, en Raimon?
-Estoy de acuerdo contigo en que Raimon es un cantante político en el más concreto sentido del término, lo cual comporta, supongo, una cierta rigidez moral. Por lo demás, ¿qué opinas de la “cançó catalana” en estos momentos?
-Pues, más o menos, lo de siempre: a mi me gustaría que tuviesen éxito Pau Riba, la Clúa, Jordi Batiste… Pero, quienes lo tienen son, como siempre, Llach, Raimon, Pi de la Serra, etc. con sus canciones didácticas de costumbre. Quizá sean necesarias estas canciones para que las cosas cambien y entonces se pueda hacer otro tipo de música. No sé…
-Sin embargo, creo que en torno a ti se ha creado una especie de equívoco. Como si vivieses en el limbo… Cuando yo sé que no es cierto y tú mismo me lo has dicho:
“En mi caso particular, también me interesan las cuestiones políticas o sociales. Aunque en mis canciones quizá refleje otras problemáticas no menos esenciales: el sueño, el juego, la vida contemplativa, el sexo…”
- Evidentemente. Incluso me extraña que no se me haya querido aprovechar antes “per a fer país”. Yo, en cierto momento, hubiese estado dispuesto a pasar por ello… Parece que ahora hayan descubierto algunos que Pau Riba y yo, por ejemplo, también cantamos en catalán…
(Sisa, Jaume Sisa, Santi Sisa, Sisa a secas. Recuerdo que alguien me dijo que Sisa era muy tímido. La noche del 22 al 23 de mayo del 71 en Granollers. Veinte horas de música al aire libre, baja la carpa desgastada de un firmamento de estrellas. Debía ser al borde de la medianoche, cuando cantó Sisa y le oímos con los ojos teñidos de arco iris, desde el otro lado del río. ¿Cincuenta, cien personas? Y la luz y el calor de las hogueras. Y, allá abajo, la gran explanada del campo de fútbol, los guardias civiles y el improvisado escenario. Sisa cantaba:

“Si tu, tu vols conéixer el poble encantat, hauràs d’anar a l’altra banda del riu.”

Y, entre cincuenta o cien personas, hubo un gran alboroto. Sisa sabía que estábamos allí y nos estaba cantando a nosotros “Si quieres conocer el pueblo encantado, tendrás que ir al otro lado del río. Allá verás los niños convertidos en sal y todo el cielo teñido de color rojo”. Hoy sé que no nos cantaba a nosotros, aunque para ello haya tenido que descender de la noria embravecida en la noche de lúdicas tristezas. Creo que en aquella noche de primavera de 1971 culminó el esplendor de lo que se llamó “música progresiva” en España. Creo que, por primera vez, oí que alguien decía que Sisa era un muchacho tímido.)
-No sé demasiado cómo a menudo me he visto envuelto en shows y espectáculos más o menos raros. En junio del 72 hice en el Iris el “Darlinsisa” en colaboración con mucha gente: debió ser una de las últimas cosas de música que se hicieron en el Iris. En agosto del 74 en el Teatro Capsa montamos con Ia y Batiste el espectáculo “Villa Montserrat”. Y, ahora, estoy preparando ya otro espectáculo de una semana en el Capsa; esta vez yo solo y creo que sería para septiembre. Esto al margen de las veleidades zelestiales con la “Orquesta Platería” que es un rollo distinto…
-Entre el 72 y 74 hay un lapso en blanco de dos años o casi…
-Efectivamente, estuve un año y medio sin cantar. ¿Qué hacía, preguntas? Mira, varias cosas: estuve en el campo. Trabajé de camarero (sólo un mes: el trabajo era muy duro). También trabajé en una agencia de seguros… Pienso que, musicalmente, fue muy positivo para mí: compuse canciones nuevas y maduré en muchos aspectos.
-Y viene ya tu rentrée en Zeleste; luego el espectáculo del Capsa. Más Zeleste. Preparativos del disco. ¿Es éste el proceso, más o menos?
-Verás. Tras madurarlo mucho, decidí hacer un disco. Hace cosa de un año; me presente en Edigsa y lo propuse. Se negaron, aludiendo a razones económicas: un disco mío sería ruinoso, etc. Entonces entré en contacto con Joan Manuel Serrat que había iniciado una incipiente carrera de productor con el sello “Oliba”. Serrat escuchó una cinta mía y le gustó mucho, diciéndome que podíamos empezar a grabar, cuando yo quisiese. Pero, entretanto, se consolidó el sello “Zeleste-Edigsa”, dispuesto también a grabarme. Preferí grabar con “Zeleste-Edigsa”, porque Serrat con sus idas y venidas despista un poco y es muy inestable. Además, Zeleste había emprendido su labor de “management” y yo estaba entre sus artistas. Los preparativos se alargaron un poco; pero en tres días de febrero grabamos “Qualsevol nit pot sortir el sol”, cuya presentación oficial tuvo lugar el 13 de mayo coincidiendo con el segundo aniversario del local. Esta es la historia.
Abandonamos el Parque, a punto de cierre. Sisa lleva los cigarrillos de uno en uno en el bolsillo, para controlarse y fumar menos. Yo me he quedado sin tabaco y también sin fumar. Un vagabundo (no creo que sea del Dharma) duerme con un pie en la espalda. El sol está bajo y rojizo; en el vestíbulo del Liceo venden patchulí. Pintores dementes, ¿por qué ensuciáis vuestras telas, intentando plasmar el paisaje en vez de contemplarlo? Buscamos un bar para tomarnos una cerveza. Lo hallamos: su nombre tiene algo que ver con La Mancha. (“¿Tienen ginebra de garrafa?” pregunta un cliente. “No señor”). La televisión, a todo volumen , nos cuenta cómo alguien ha batido un record mundial de no-sé-qué, masacrando una moto y rompiéndola en pedazos que pasaban por un aro. Sin bajar el volumen de la tele, el camarero conecta el hilo musical con pasodobles al máximo volumen. Sisa, velando por sus tímpanos, le pide por favor que baje ambas cosas. Pero un cliente aliado pone en marcha el juke-box. Local apto para sordos o fans añorantes de “Deep Purple”. En la tragaperras, “Mi guitarra” de Juan Pardo con un solo de guitarra de lo más anticuado: a Sisa dice recordarle algún grupo de los primeros 60. Admite sentir nostalgia por los “Sirex”, los “Cheyennes”… También por “Shadows”, los primeros Beatles, los primeros Rolling Stones.
-¿Qué música te interesa y qué música no, de la que has oído estos últimos años?
-No sé… Me gusta oír a la gente de “aquella” época: la “Incredible String Band”, Jimi Hendrix, “Pink Floyd” (en la época de “Ummagumma”); también Frank Zappa o Bob Dylan. En realidad conozco poca música de estos últimos años, pero no me interesan demasiado las líneas de Miles Davis, por una parte, y la de “Emerson, Lake & Palmer” y compañía, por la otra…
-Pienso que, en tus canciones, se nota la influencia de la música de los 50 en España: de los
“boleristas”, de la invasión italiana de modugnos y carosones…
- Si, esta música me ha marcado: la de la radio, los entoldados, las fiestas mayores con orquestinas de barrio. Pero, más que la música, quizá me ha marcado la vida de aquellos años: los viejos cafés, la influencia de los tebeos y la radio, la escasez de coches, los tranvías… Así como, personalmente, me siento influenciado por los años veinte y primeros treinta (por referencias, claro: por cosas que he oído contar, que he leído; por músicas que he escuchado. Leyendas y viejas huellas). Influenciado por los años de la República…
Alguien pone en el juke-box unas rumbas.
-Te confieso que, cuando oigo unas rumbas bien interpretadas, casi me da vergüenza seguir escribiendo canciones.
Atravesamos el barrio gótico y le acompaño hasta las Ramblas. Sisa, Jaume Sisa, Santi Sisa, Sisa a secas. El tímido Sisa, que sonríe con cierta melancolía y no te mira a los ojos.
Benvinguts! Passeu, passeu. De les tristors en farem fum. A casa meva és casa vostra, si es que hi ha cases d’algú. Sisa se marcha en busca de un apartamento. Desengañado ya de hallar el inexistente séptimo cielo…