Aquest és el primer article de la serie que el Pau va publicar amb el pseudònim de Pau Malvido a l’Star. Rock y futbolines en el 64 va ser publicat el 1976 en el num. 23 de la revista. L’article furgava en els orígens del rotllo, uns anys en els quals, Pau no es cansa de repetir, nosaltres érem molt joves i els protagonistes no havien escrit ni publicat mai res. L’article descriu com en ple franquisme, camells, lumpen i estudiants feien jocs malabars amb la legalitat i aquell món tancat va començar a obrir-se. La controvèrsia amb l’equip d’Ajoblanco , que, a l‘època donava per enterrada la contracultura, estava servida.

Canti

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Ahora que las revistas hablan tanto de los movimientos juveniles, de los hippies, de los anarquistas y de los comuneros, nosotros, que tenemos ya más de veinticinco años y que formamos parte de las primeras tribus barcelonesas de hippies y «freaks» (en inglés, freak es «raro», «extravagante»), queremos explicar unas cuantas cosas para mayor vacile de propios y extraños. Ante todo, que toda esta avalancha de artículos y revistas nos aburren con sus tonterías. Nos aburren porque escriben sobre América y Europa y no sobre aquí y nos aburren porque hablan de generalidades, elucubraciones, tópicos y personajes míticos y no de la vida de cada día. y esto es así porque los que escriben sobre rockeros, hippies, freaks y comuneros casi nunca son ni han sido ni lo uno ni lo otro ni lo de más allá. Son más bien chupatintas profesionales de letra al por mayor. Además, la gente lanzada a la vida “rara” raramente tiene el tiempo y las ganas de ponerse a escribir, y menos de ponerse a escribir sobre lo que les está pasando en concreto. Estamos demasiado acostumbrados a que en las revistas salgan artículos espectaculares y elucubraciones “finas”. Nosotros, teniendo el tiempo y las ganas de recuperar nuestra pequeña historia personal frente a tanta falsa historieta yanqui, queriendo continuar el rollo y viendo que a lo mejor nos pagan algo, pues nada, nos ponemos a escribir desordenadamente y con furia, intentando ser concretos, verídicos y, en todo caso, algo sinceros. Es importante repetir que durante el surgimiento en Barcelona de los rockeros y después de los hippies, nadie, ninguno de ellos, escribió nada sobre lo que estaban viviendo. Nunca salió nada publicado, nada que fuese escrito por rockeros y hippies sobre ellos mismos. Llegaron libros yanquis y aparecieron articulistas y pensadores. Nada directamente surgido de los «protagonistas» del asunto. y luego salen artículos, como los de Ajoblanco, en los que se “entierra” al hippismo calificándolo de invento de snobs americanos ricos. Es natural que los Racioneros y Ribas y cia de Ajoblanco piensen esto, porque ellos mismos, gente procedente de ambientes intelectuales ricos y con vocación elitista, si fueron hippies lo fueron al estilo snob y, si no lo fueron, la idea que pudieron hacerse venía de amigos hippies ricos y de cuatro libritos yanquis de lo más académico y tonto. Así, esta gente entierra de hecho el hippismo más cercano a ellos, el hippismo más snob. Lo cual, por otra parte, está muy bien. A ver qué nuevas modas se inventan ahora. ¿Quizás el “espíritu libertario” y la “autogestión” y también en versión snob?
La “masa” hippie y freak de Barcelona y comarca poco tuvo que ver con esta gente. Eran más bien, en sus orígenes izquierdistas desengañados o agotados, pequeño burgueses más bien pobretones, mezclados con grifotas de la línea tradicional (gente del barrio chino) y extranjeros peregrinantes. Y los rockeros de antes, los de los años 60-65, estaban muy lejos de los intelectuales snobs. Eran «chavas», «charnas» y hasta «pijis», pero no mentes destinadas al comercio de la letra.
El baile Tokio fue cerrado por cuestión de drogas allá por el año 1964. No eran drogas destinadas a hippies ni a freaks. Era grifa de la de siempre, la que, según se decía, fumaban los “Lejías” (legionarios) y gente afín. Barcelona, por tener puerto de mar, colonias gitanas, barrio chino y legionarios en el norte de África, tiene una larga historia
de grifa, de “caramelitos” de “gloria” a cinco duros (tiempo ha), de gente que se juntaba para “ir a escupir el muerto”. La gente que iba al Tokio como la que iba al Trolebús (por la zona de Arco del Triunfo), era una mezcla de catalanes hijos de pequeño burgueses, de barrios como el Ensanche más pobre, el casco antiguo, Horta o Pueblo Seco y “chavas”, hijos de andaluces inmigrados. También iba gente más rica con ganas de desmadre, gente golfa, de los que están entre los últimos de la clase. y allí estaban el macarra, el tipo con “nomeolvides” en la muñeca, el grifota de siempre. Allí actuaban los Salvajes, los más ye-yé, los más “joteros” como entonces se llamaba a los rockeros charnas. (Charna de charnego, hijo de inmigrante más o menos catalanizado.) Los Salvajes habían estado en Alemania (España y Alemania quedaban muy cerca, gracias a la inmigración forzosa de centenares de miles de trabajadores). De allí volvieron con largas melenas y vestidos de negro, no al estilo beatles de entonces (americana sin cuello y melenita) sino más bien al estilo Rolling Stones. Todos los yeyé, los chavas de camisa negra, cuello levantado por detrás, pantalones negros de tergal, acampanados (32 centímetros de ancho por abajo), los bitelianos de botines en punta, los “pijis” (que eran los ye-yé más ricos, conjuntos de chicos de Preu, seiscientos trucado), los asiduos del Tokio, del Trole, y hasta del San Carlos, los niños ricos engolfados (los expulsados de los colegios de pago, los de las academias disciplinarias), todos se encontraron juntos formando masa en los conciertos del Palacio de los Deportes en el año 64. Actuaron los Sirex, los Mustang, los Salvajes, los Brincos, Lone Star, etc. y también los Moddy Blues. La policía estaba allí y se produjeron algunos incidentes. Aquella gente, subiendo por la calle Lérida en largas colas hacia el Palacio de los Deportes, miraban asombrados hacia todos lados, dándose cuenta de que eran bastantes los que vestían de forma rara y llevaban el pelo largo. Se sentían fuertes.

Durante esos años (1962-64) el régimen de Franco pretendía modernizarse un poco. Ya habla acabado la política de puertas cerradas y de miseria de post-guerra. Los yanquis ya estaban aquí con sus productos, con sus marines y con sus modas. Los falangistas iban de baja. Se tenía que disimular. El Plan de Desarrollo estaba de moda. Los turistas venían cada vez más. La Universidad empezaba a moverse un poco y en Asturias los mineros hacían las huelgas más importantes desde el 39. Las salas de baile que habían estado controladas por Falange (al acabar sonaba el himno nacional) empezaban a convertirse en “dancings” primero y en “Boites” y “Discotheques” después. En este momento de cierta presión modernizada cuando la gente ye-ye puede reunirse en masa por primera vez. Los permisos se daban algo más fácilmente. Las sesiones musicales de los domingos por la mañana en el Novedades fueron todo un acontecimiento. Unas 1.000 personas acudían fielmente a los “matinales”. Aquello lo montaba la “cadena Red star”. Todo lo que sonaba a yanqui pasaba. Si el nombre de la “cadena” hubiese sido castellano (o sea, literalmente, “Estrella Roja”) evidentemente no hubiesen podido ni empezar. La “Red star” era en realidad cuatro amigos, cuatro ye-ye catalanes espabilados. Delante del Novedades, que entonces tenía sala de futbolines, se formó una manifestación de ye-yés menores de 16 años, la edad mínima exigida para poder entrar, como pasa todavía hoy en muchos sitios. Los chavales de 14 años gritaban: “si a los 14 trabajamos, a los 14 bailamos”. Allí actuaron más o menos los mismos que en el Palacio de los Deportes, más los “gatos Negros”, “Alex y los Finders”, .‘Mangas Verdes”. También en el Price se hacían festivales esporádicos, el último de los cuales fue despedido con el mayor destrozo de butacas que se recuerda en Barcelona. Todo esto coincide con el auge de los Beatles, con la fase más puramente rockera de los Beatles, cuando estaban mucho más de moda entre los chavas y los ye-yes golfos que entre los estudiantes de familias más ricas o más cultas, que hacían las “fiestecitas de los sábados’. A base de música francesa, italiana y americana nostálgica (Elvis). Toda esta oleada rockera recogió a los supervivientes de las grandes ‘bandas’. de los barrios. Bandas de jóvenes con un espíritu territorial muy fuerte, rozando a veces la delincuencia, Imponiendo su “ley” en la zona que les correspondía, enfrentados o mezclados con elementos falangistas según la zona, sin ningún lugar al que ir aparte de alguna sala de futbolines. La Banda era la forma espontánea de organizar el tiempo libre y de escapar de una sociedad super-controlada, rígida, miedosa, mísera. Bandas como la del Titi eran conocidas en toda Barcelona. La Banda del Titi “operaba” entre Via Layetana y Arco del Triunfo. El robo sistemático y tenaz era su norma. Desde camiones de Coca-Cola vaciados en 10 minutos hasta partidas de tela al por mayor. Todo lo que pasaba por la zona. “Los Correas” todavía aguantan, mantenidos por elementos de extrema-derecha según se decía ya entonces. Las bandas no se formaban solamente en barrios obreros nuevos y marginados, en los que la Falange intentaba aprovechar el anticatalanismo (que como forma de defensa ante una sociedad extraña y más rica aparecía en algunos sectores de recién inmigrados), sino que también se formaban en barrios típicamente catalanes. En general todas las bandas, con alguna excepción, eran demasiado localistas y orgullosas de sí mismas como para dejarse manipular por mucho tiempo por la Falange o por cualquiera otra forma de autoridad institucionalizada. Con el período de desarrollo, turismo y capital yanqui que empieza de verdad en 1960, las bandas se hacen más fuertes primero, estimuladas por las mayores posibilidades de acción que da la mayor circulación de dinero, productos importados y modas. A la larga, sin embargo, tienden a diluirse en un movimiento más amplio y más homogéneo sin dejar de existir. Cuando hay más dinero, más sitios a donde ir, bares, películas extranjeras, festivales, cuando en la radio y en los grandes almacenes se comercia ya con productos ye-ye, las posibilidades de pasar el rato y de identificarse al margen del taller, la oficina o la academia son mayores para todos. La banda del barrio como único reducto diferente del taller, de la escuela y de la familia va dejando paso a los grupitos que pasean por toda Barcelona buscando rollo porque saben lo que hay .
Debo confesar que escribiendo toda esta historia me doy cuenta de las pocas referencias que poseo. Las personales, las de algunos amigos y poca cosa más. Anécdotas y datos sueltos unidos por las cuatro hipótesis de siempre y por un cierto vicio de coherencia. Y es que resulta que en la prensa no salía nada. Los estudiosos tampoco se han entretenido en ver la vida cotidiana de la juventud en este país durante todos estos años. Hay historias de luchas sociales importantes, de la literatura durante el franquismo, del desarrollo económico, de los movimientos políticos, de poesía y pintura. Pero, aparte de alguna película y alguna novela nadie cuenta nada de lo que hacía la gente durante su tiempo libre, los “usos y costumbres” sus manías privadas. No se si esto resulta necesario. En todo caso es una parte importante de la vida de la gente. y frente a tantas historias como nos cuentan resultarla saludable saber o simplemente ver lo que hemos sido, lo que hemos hecho en realidad. Nosotros, nuestros compañeros de más edad y todos. En un país en el que no se podía hacer casi nada, en el que la mentira oficial era tan gorda que, en el fondo, nadie la creía, la gente se debió ver obligada a pasar, en cierta manera, de todo. A pasar de todo calladamente, en cualquier rincón. Dándose a diversiones y manías casi íntimas, escapando de todo a base de aprovechar lo que fuese. Ahí está el típico joven catalán, pequeño-burgués, escéptico, agarrado a ocupaciones o manías increíbles. Arreglar radios viejas, cuidar canarios. Sin salir a la luz pública, porque luz pública ni habla. Sexualmente reprimido, lleno de utopías modestas pero igualmente irrealizables. Y al mismo tiempo extraordinariamente hábil para aprovechar cualquier posibilidad. Para desarrollar habilidades peculiares. La estrechez del mundo en que vivían les ahogaba, pero al mismo tiempo les hacía expertos en el truco dominando con facilidad las contradicciones del pequeño mundo, acostumbrados a pensar que toda cara oculta una cruz, que cada cosa tiene su trampa. Los más proletarios se veían más obligados a tragarlo todo sin posibilidad de trampa, sin truco. O a ponerse del otro lado arriesgándolo casi todo. En fin, que buenos niños convencidos y satisfechos debían haber pocos. Buen niño significa aprender lo que te dicen, creerlo o hacer ver que lo crees. Esto último ha debido ser más posible. Hacer ver que se cree y por debajo mantener cierta desconfianza permanente y cierto maquiavelismo. Aquí ha habido y hay todavía mucha gente acostumbrada a sentirse en la ilegalidad. En la ilegalidad social y en la ilegalidad moral. Cantidades de matrimonios por embarazo (muchos más de lo que normalmente se cree) , cantidad de sexualidad degradada, de “chachas” utilizadas como carne de cañón para el inicio sexual. ilegalidad en la diversión. Bares de puertas cerradas, bandas, grupetes espabilados que alquilaban bares para las “fiestas”. Los buenos niños más ricos pronto quedaban defraudados. No era posible ser buen niño convencido por mucho tiempo. La realidad era demasiado diferente de lo que se enseñaba. Entonces el buen niño, si es rico, o se convierte en golfo demostrando que él puede ser más ilegal que nadie o queda algo amargadillo. Y de esta amargura, de esta comprobación de la imposibilidad de ser “bueno”, sale gente rebelde, gente que lo prueba todo porque no cree que todo pueda ser tan malo como resultarla ser si se comparase con la estrechez de lo que le han dicho que es lo bueno, o de lo que ha creído que es lo bueno. Esta gente, con menos recursos: de emergencia, con menos dominio de los truquillos, menos acostumbrados a las pequeñas ilegalidades diarias, se ven obligados a plantearse la ilegalidad como algo nuevo, inmenso, extraño a su “pequeño buen comportamiento”. Y entonces se dedican a ello con furia. Organizan su nueva legalidad, a veces de forma muy extrema. Pasan a engrosar las filas de los rebeldes que lo han sido desde siempre. O quizás se añaden a ellos desde fuera, intentando descubrir en ellos y en todo lo definido como “malo” algo que pueda ser convertido en “bueno”, pero de verdad. De ahí la mitificación y el endiosamiento que algunos jóvenes burgueses hacen de los tipos más representativos de lo que está al otro lado de su propio ambiente. Los ídolos proletarios, los ídolos lumpemproletarios. Y así se forman estudiantes empeñados en estudiar lo que no les enseñan, ávidos de textos extranjeros ilegales.

Los universitarios descontentos apenas habían logrado organizar movimientos fuertes en la época de la que hablamos, en los primeros años 60. Las huelgas de estudio les animaron bastante y se lanzaron con más fuerza a cargarse el sindicato falangista que ya estaba medio muerto. Eran minorías clandestinas que empezaban a conseguir asambleas multitudinarias. Gente muy entregada a aquello. No creo que tuvieran muchos contactos con los chavas, con las bandas, o con los rockeros. Su cultura era más bien europea, poco yanqui. Su música era la canción francesa y el jazz. Iban a divertirse a las Ramblas y al barrio viejo, pero desconocían los trucos del lugar. Los chavas, los pijis y compañía habían recibido la moda yanqui e inglesa como confirmación de su derecho a ser diferentes. El contacto con los turistas trabajó también en este sentido. El ligue en Lloret era aire renovado. los intelectuales se mostraron más reacios hacia lo yanqui porque su manera de ser diferente estaba ya reafirmada por la vía ideológica y política. Sólo más tarde, cuando el propio movimiento estudiantil fue masivo y fuerte, cuando la mística de la conspiración fue dejando paso al trabajo de organización a mayor escala, empezaron a surgir contradicciones más “vitales” en los estudiantes izquierdistas. Además lo yanqui empezaba a ser más interesante para ellos. Salió Bob Dylan, salió el movimiento de protesta de la juventud americana, empezaron a haber hippis. Los “setze jutges”, la agrupación de cantantes protestones al viejo estilo francés, tuvieron un hermano menor devoto a Bob Dylan, el “grup de folk”, Pau Riba, Sisa. Empiezan a haber contactos entre gente procedente de la Universidad y del izquierdismo con gente procedente de las bandas de barrio, de los ambientes grifotas y del mundo rockero. Los Beatles hablan llegado a ser lo suficientemente refinados como para gustar a más gente que a los rockeros puros. Los diferentes submundos, más desarrollados, encontraban canales de comunicación cosas comunes de las que poder hablar, un mercado musical más amplio y uniforme, locales especializados, discotecas. Todo esto, sin embargo, quedó como endurecido porque el famoso desarrollo empezó a quebrar. A medio lanzamiento la cosa volvía a congelarse. Los ánimos estaban ya disparados, pero la economía empezó a ir en sentido contrario. Esta tensión, esta confusión, la confusión del que coge carrerilla para saltar y antes de hacerlo ya le dicen que pare, marcó de una forma especial el nacimiento de esta mezcla de grifotas, rockeros y estudiantes, esta mezcla que aquí fue la protagonista del primer hippismo. La devaluación de la peseta del año 67 acompañó a los primeros hippis de Barcelona, como señal del hambre que iban a pasar.
Todo esto, señores, ya forma parte del próximo capitulo de este cuento. Tenemos cantidad de datos ya preparados. Esta época preliminar explicada aquí nebulosamente (yo y la gente amiga consultada éramos muy jóvenes) puede servir al menos para entender que en todas partes cuecen habas, pero en cada parte a su manera. El hippismo americano es una cosa y el de Barcelona otra. los grifotas son una cosa y los intelectuales snobs son otra. Todo el mundo ha vivido su historia Esta es una de ellas, Y la que explica Ajoblanco es otra.

Pau Malvido