Eran los 70. Éramos jóvenes. Y… un poco progres. Había que bajarse al moro.

Un septiembre, en pleno ramadán, mochila a la espalda, nos bajamos. Barcelona, Madrid, Algeciras y el moro. Después… Tánger, Rabat, Casa, Marrakech, Asni, Azrou, Fez, Meknes, Ketama no, y de vuelta a casa.

Éramos Fina, Jordi y yo. Después se nos unió Ludwig, el belga. Íbamos de albergues. En uno de ellos, con sus rebuznos, nos saludó un burrito, atado en el jardín, jovencito, no mucho más grande que un perro grande. Nos hicimos amigos, pero con quien realmente conectó fue con Jordi. Cuando, por la mañana, salíamos a la ciudad, venga caricias, y cuando lo dejábamos, nos lloraba con sus rebuznos. Cuando, al final del día, llegábamos al albergue, nos saludaba con sus rebuznos, y venga caricias. Pero con quien realmente conectó fue con Jordi.

Nosotros, ya muy mayores, nos acordamos del burrito de Marruecos. Pero especialmente Jordi.

JOSÉ LASALA, en el año del virus.

© del text José Lasala
Fotografia de José Lasala
Publica la web sense nom per cortesia de José Lasala

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